
A partir del
siglo XIII, en toda la geografía floreció, con notable esplendor, una
arquitectura
religiosa. En el gótico alcanzó su máximo desarrollo, para continuar en el Renacimiento y, sobre todo, en
el barroco. Desde la catedral a las pequeñas ermitas, de los templos parroquiales a los monasterios, toda la Diócesis
está llena de valiosos ejemplos de la expresión religiosa a través de los siglos.